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Domingo, 25 de junio de 2017
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¿Para qué una Constitución de la Ciudad de México?

Introducción

 La Ciudad de México posee, al igual que otras en el mundo, dos características distintivas: es el mayor núcleo social, político y económico del país y, además, es la capital nacional. Tiene por eso una calidad dicotómica: el sometimiento histórico de los ciudadanos a los poderes nacionales y el carácter plural, cosmopolita y, en ocasiones, libertario de su población.

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La autonomía que se ha alcanzado en la Ciudad de México es parte esencial del proceso inconcluso de transición democrática que se inició en 1988. El antiguo régimen tuvo como pilares fundamentales un presidencialismo exacerbado, un sistema de partido hegemónico y el control político, económico, militar y territorial de la capital. Las tres piezas de ese régimen han sido desmontadas básicamente durante los últimos 25 años, pero aún falta la reconstrucción de un Estado democrático en todos los ámbitos.

La historia reciente de la Ciudad prueba, con creces, la creatividad de la que son capaces la ciudadanía y el gobierno locales en materia de renovación jurídica, derechos sociales y vanguardia de propuestas nacionales. Sin embargo, este proceso tiene que culminar en aras de alcanzar la plenitud de los derechos de sus habitantes y de un equilibrio constitucional entre la federación y su capital.

La Constitución de la Ciudad de México será el avance indispensable y consecuente que permitirá reencauzar el proceso democratizador de la Ciudad y consolidar las conquistas alcanzadas hasta nuestros días.

Otras capitales del mundo han superado esquemas de subordinación al poder nacional mediante el establecimiento de estatutos jurídicos que les permiten gozar de plena autonomía. La ciudad de Buenos Aires, por ejemplo,  es ciudad autónoma y capital federal, “situación institucional que la asemeja a una ciudad-estado alemana” y que le otorga amplios márgenes de autonomía con respecto del poder federal.

Por otra parte, con las reformas a la Constitución venezolana de 1999, la ciudad de Caracas se constituyó como un distrito metropolitano integrado por municipios  libres y autónomos en sus competencias con respecto del alcalde metropolitano.

En Alemania, las ciudades de Berlín, Bremen y Hamburgo gozan de un estatuto de ciudad-estado, con la particularidad de que Berlín es además la capital federal. Ésta posee un gobierno parlamentario y un órgano judicial local (que incluye una Corte Constitucional local) y “como ciudad-estado es un Land con los mismos derechos de autonomía que los demás estados alemanes”.

Las ciudades portuarias de Hamburgo y Bremen gozan también de la condición de Länder. Se les reconoce como partes integrantes de la República alemana con el mismo estatus y grado de autonomía política que el resto de los estados.

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El establecimiento de un Estatuto de Capitalidad para la Ciudad de México garantizaría su autonomía interior y salvaguardaría los derechos políticos de sus habitantes. El nuevo federalismo mexicano debe reconocer a la Ciudad de México como un Estado de la Unión, que es capital nacional y albergue de los poderes federales.

Los esfuerzos por emancipar la Ciudad se materializarán cuando la Ciudad de México esté facultada para crear una Constitución propia. Ése ha sido el debate fundamental de los últimos años, al punto que no solamente existe un poderoso movimiento ciudadano en ese sentido, sino también diversos proyectos de reforma política para el Distrito Federal provenientes de especialistas y destacados militantes de partidos políticos, todos los cuales van dirigidos a la expedición de una nueva Constitución.

 

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